¿Por qué empecé esta novela? Una de tantas curiosidades peregrinas que suelen sumergirme en las páginas de algunos libros. Esta vez ha sido por el autor. Un ex ministro que prefiere dedicarse al mundo de los libros, que escribe novelas y no sobre sus tiempos públicos, sino sobre temas con poco predicamento social. Escuché entrevistas en programas de radio y televisión y me gustó, sobre todo su participación en uno de mis podcast mañaneros de Milenio 3, donde hablaron con el autor del tema y de su novela. Me dije, me lo tengo que leer, por aquello de Dime como escribes y te diré quien eres, una curiosidad similar a la que lleva a mis vecinas a su adicción a programas del corazón, cómo las entiendo, me pasa con los libros, cotillear cómo escriben algunos personajes, sólo algunos. El título me daba un poco de pereza, librero y Atlántida juntos…me vinieron a las neuronas La sombra del viento y el Código da Vinci de la mano, ¡horror, me dije! Pero pudo más mi curiosidad y bueno, edición de bolsillo…9€…
El núcleo de la novela está claro desde el principio y, por si acaso, un personaje (el psicólogo) lo hace explícito al final:
“Por algún extraño motivo, los recuerdos atlantes estaban aflorando, después de miles de años dormidos (…) Sólo se le ocurría una posible justificación. Que el inconsciente colectivo de la humanidad estuviese alterado ante la repetición de algún colosal fenómeno (…) ¿Cuál podría ser? Y entonces, en un fogonazo de lucidez, lo comprendió. El Cambio climático. La Atlántida (…) fue sepultada por las aguas que subieron debido al cambio climático. ¡Nuestro instinto de especie percibía una profunda mutación del clima!” (página 399 de mi edición books4pocket)
Creo que a través de la novela pretende darnos gran cantidad de información y teorías sobre la Atlántida y, sobre todo, dejar muy claro que su ubicación está en Andalucía, cerca de Cádiz, a no más de cuarenta millas, como dice un personaje al principio. Este entusiasmo no se ha traducido muy bien en la ficción. La sensación es que leemos todavía un borrador que tiene que depurarse, con personajes que no acaban de tener un papel importante en la trama. No sé qué diría un crítico sesudo, pero en mi humilde visión de lectora veraniega me ha faltado intriga, suspense de ese que tira como un imán, donde esperas algo sorprendente acaba en un…¡pues vaya! Algún ejemplo, sin destripar nada: El personaje que suponemos motor de la novela, que le da título y sobre el que gira gran parte de la historia. Venga a esperar, esperar, y más que un antihéroe no puedes evitar pensar que es un patoso con una misión de pacotilla. Los personajes, en general, me han convencido poco; están ahí, pero la historia les puede, no hacen demasiada falta aunque se los haya tratado como portadores de información atávica (ya hablo como una solapa de libro) Me han sobrado algunos como los sacerdotes y sacerdotisas del pasado que interrumpen la historia presente hablando muy raro, en primera persona, pero retransmitiendo sus pasos…que si ahora subo la montaña, que si hay barro, que si no llego…vamos que se lo van contando solos, pues para eso una narración aparte del pasado, un poco visto está…, o una segunda persona que nos lo cuenta a todos.
Tampoco me cuadra que un asunto de inconsciente colectivo esté en manos de unos pocos personajes y el resto de la humanidad tan tranquila ¿Por qué cada personaje presente corresponde a uno pasado? Quizás podría haber empezado por los extractos de periódico con los que termina.
Bueno, no me he enfadado como con otras novelas, lo importante es que el autor se cree su novela, la ha pensado, sí tiene una estructura inicial. La lectura es tranquila, a pesar de la gran cantidad de información no pretende imponerla, incluso plantea dos opciones ante el problema. Quizás le falten dos o tres novelas para enganchar a una lectora tiquimiquis como yo. No lo perderé de vista.
Añadir otro ingrediente positivo, te lleva a leer otros libros y a saber más sobre temas que no se te habían ocurrido.













Desapareció la página.
Soy un Snapdragon