Vaya, vaya. ¿Por qué este año no se me escapa uno? Si lo del día de la poesía ya me dejo turbios pensamientos, mañana: día del teatro. Pues lo dicho, o está mal la cosa o aquí hay tomate. Y como la primavera se presenta fría, he seguido dando vueltas al tema. Dentro de un mes, el Día del libro. Este sí que vende. ¿Será para ir haciendo camino? Así todos concienciados de que la poesía y el teatro existen, como Teruel; todos informados de que se siguen vendiendo libros de ambos. El día 23, al tenderete. Pues no sé. También puede ser que los infantes y púberes se aburran en sus colegios e institutos, después de haber aporreado varios ordenadores viejos. ¿Qué mejor que una bonita celebración cultural con lo que tengan a mano? Porque de escenario, sala para teatro y esas cosas los centros públicos no gastan, para qué, si con cuatro cartulinas el profe te monta la Vida es Sueño en un pis- pas, no hay como la necesidad para afilar las neuronas y ellos las tienen de punta. ¿Y en televisión? Yo creo que no ponen teatro para que no se gaste. ¿Es que cuando lo hacían, nadie lo veía? Pues se acuerda todo el mundo, que había nacido, del Estudio 1. Ya sé que hay teatros, pero estoy pensando en la manera de que lleguen a todo el mundo. A los niños los llevan sus profesores, a Dios gracias. ¿Qué tiene el fútbol que no tenga el teatro?, será que no se puede gritar. ¿Cuántas personas normales y corrientes, como mis vecinas y yo, ni se plantean que el teatro existe? Si uno se puede tragar una serie infumable o un culebrón(o escenas de matrimonio: una involución hacia la nada), por qué no una obra como Dios manda, con buenos actores. Voy a dejar de dar vueltas al tema. Pero es emocionante ver a alguien que en directo te ofrece una actuación irrepetible, como si los personajes saliesen de los libros y se colocasen delante. Ahí no valen mentiras.













Desapareció la página.
Soy un Snapdragon

