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Archive for 31 agosto 2008

    

 

Como contaba ayer terminé esta novela apesadumbrada y con ganas de más. Todavía me ronda por la cabeza, veo la portada como algo familiar. Es extraña, de esas ilustraciones que no sabes si te gustan o no, resulta inquietante, pero precisa una vez leída, al igual que el título. Me gusta el fondo oscuro y el personaje elegido que, desde luego, no queda retratado, nos muestra lo esencial: es rara, desproporcionada, con un cuerpo que identificamos con Lisbeth, aunque le faltan otros rasgos para ser totalmente ella; un rostro desafiante, hermético que contrasta con su situación de víctima “atada de pies y manos”, clavándonos la mirada, su ropa tampoco es la habitual del personaje, solo en un momento puntual de la novela.

Me he dado una vuelta por estos barrios weberos, movida por la curiosidad de ver cómo habían hecho las portadas en otros países.

El resultado ha sido este: La portada francesa tiene en común el fondo negro y como imagen la misma referencia a Lisbeth, pero encarnada en la niña de los Adams, lo inquietante es el collar de cabecitas que lleva puesto. En la edición británica de nuevo Lisbeth, esta vez una imagen real, destacando su tatuaje y con otro título, no la entiendo, ¿por qué cambian el título y destacan algo que puede despistar? no es este el tatuaje que conocemos, en la novela, quizás lo haya olvidado, pero se hace el del tobillo por un hecho importante y hay otro que no voy a recordar para no destripar un episodio. He buscado la edición original y creo que es esta, el título también suena igual. Reproducen la portada del periódico en las tres novelas, con diferentes ilustraciones. Me gusta, refleja el entramado social donde se mueven y nos mete en el mundo de la ficción.

 Esta novela sería un buen punto de partida para una serie, demasiado larga y con detalles importantes para una película. Es muy visual, quiero decir que hay descripciones y situaciones que inmediatamente las ves a como si te las mostrase una cámara. Sería americana, la serie, por el presupuesto. Y los actores… no sé no conozco a todos, de los de siempre, Mikael un guaperas-irresistible con cara de bueno tipo George Clooney o el Robert Redford de Todos los hombres del presidente, o alguien así. Lisbeth ya es más complicada, también de los de siempre me viene a la cabeza Helena Bonham Carter; además, si buscan a una actriz americana tendrá que adelgazar 30 kilos en un mes y tendremos un disgusto.

  Bueno, dejo mis lucubraciones y paso página. Para no dejar el verano de golpe, que es duro, seguiré con los detectives. Empiezo Ritos de muerte de Alicia Giménez Bartlett, no he leído ninguna ni vi la serie televisiva de Petra Delicado basada en ellas. No me gustan, en general, las series de policías ni españolas, ni foráneas estilo CSI; la gracia es el tipo de personajes que aparecen, su forma peculiar de ver la vida, cómo se relacionan y se mueven en su entorno social…vamos lo que hay que quitar en las series. No tengo estómago para ver cadáveres y vísceras porque sí. Con la precaución de tener a mano varias novelas de este personaje, las leeré rápido y daré por concluido el verano.

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Por fin, un novelón de detectives. Mis vecinas lectoras y yo llamamos así a los que tienen crímenes, desapariciones, investigaciones o similares.

 Esta novela los tiene todos. El argumento puede leerse en la solapa del libro, ahí está lo básico. Claro que cuando comentas un libro recién leído lo importante es lo tuyo, los ingredientes que he mencionado otras veces, los sabores que te hacen exclamar ¡qué rico está! Vamos por raciones. Un rasgo común en los personajes principales es el gusto por la investigación, por encontrar lo que van buscando hasta el final, es parte de su trabajo como periodistas, trabajadores de compañías de seguridad, empresarios…pero es también parte de su personalidad, todos ellos han seguido investigaciones fuera de su sueldo. Arrastran al lector, agarrado a la novela con temor de que le dejen con las ganas, gritando desde la realidad ¡vamos, hombre, no me vas a dejar así! y te escuchan, todo… hasta el final. Queda abierta una interrogante más bien sentimental y todas las expectativas posibles para el resto de las novelas de la trilogía.  Otra ración, esta es de mis favoritas (en lo que a la ficción se refiere) La venganza. Pero no visceral, tosca, no, eso no es venganza, sino edmundodantesiana: pensada, con tiempo, con cabeza. Incluso las más viscerales tienen su plan. Son suscitadas por diferentes motivos, casi cada personaje, cada trama tiene la suya. El abuso de poder tiene sendos castigos. Aquí llega otra parte importante: la catarsis, aquello imposible en la vida real de el que la hace la paga, en nuestra orilla, la realidad, sabemos que depende del poder de el que la hace. El personaje de Lisbeth es nuestro mayor elemento catártico, el que te hace exclamar más veces, en tus más secretas entretelas: ¡si señora, bien hecho, con…! Es la antiheroína perfecta: marginal en todas sus dimensiones: social, física, intelectual y emocional. Diferente. Algún personaje ha dicho de ella que es la víctima perfecta, ¡bien por el otro lado, bien por la ficción! El otro personaje, el periodista, es su contrapunto: con éxito en su trabajo, socialmente, atractivo, íntegro y con un punto de inocencia, hasta que se le tuercen las cosas. Pasas media novela esperando a que se encuentren y pensando cómo y cómo se llevarán. El resto de personajes ¡qué familia! hay que leerla, te sorprende a cada paso. Las mujeres son especialmente interesantes, resueltas, controlando, que dice mi amiga Violeta.  Hay recursos muy buenos, me gusta especialmente el de las fotografías ¿de qué va? pues eso, que hay que leerla. El narrador parece que nos esté escuchando, como he dicho, resuelve las situaciones de forma redonda. Asusta un poco el principio, con una gran cantidad de información del mundo empresarial que rodea al periodista, de toda la saga familiar de otro personaje, pero una vez te metes en la trama con una memoria media-baja como la mía sobra. No puedes soltarla, por eso es novela de verano y, si puede ser, sin elementos molestos alrededor, de esos que tuercen el morro cuando te ven con tus gafas de leer puestas y un novelón de 664 páginas en las manos, pensando en las perturbaciones que va a suponer para la vida cotidiana. Cuidadito que si sumamos los índices quedan 666 páginas y leyendo se aprende mucho. Al fin y al cabo yo también soy ficción.

 Necesito otro atracón de detectives…

Los hombres que no amaban a las mujeres.

 Stieg Larsson 

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Expiación

 

 

Qué bien te quedas después de leer una novela así. Me gustan los libros que contienen algunos ingredientes, no todos juntos, claro. En este libro hay un buen narrador que te van dando perspectivas diferentes de los acontecimientos, de esta manera conocemos a los personajes mejor que ellos mismos, vamos un novelón de los de toda la vida. Otro ingrediente, no es un narrador de los que cuenta y cuenta, sería tremendo, te lo enseña, lo ves, te quedan lugares y ambientes en la mente, te lleva de viaje sin moverte de tu sillón; hay unas descripciones precisas y redondas de sensaciones, personajes, lugares…Vuelvo a los personajes, nos muestra su mente, sus procesos de pensamiento e interpretación de los sucesos, su evolución, son sólidos y reales.  Estos ingredientes podrían sonar a novela pesada, no es así porque hay un argumento y una trama perfectamente pensados y dosificados, todo está mezclado para contar una historia muy concreta, no nos engaña, el título nos da el asunto del que va a tratar.

 No decepciona ni la novela, ni la película después de leerla. Te das cuenta de lo bien que se ha seleccionado cada episodio, lo perfectamente claros que quedan los personajes a partir de pocos detalles; el personaje de quien tenemos menos información en la película es la madre, pero vemos la relación con sus hijas y el marido ausente. Desde luego los actores no sé si tendrán Oscar o novios famosos, pero son estupendos. Cambian el final, la aparición de Briony ya mayor en televisión, me gustan los dos, mantener el de la novela probablemente haría excesivamente larga y complicada una historia de la que hemos visto todo, queda la guinda que nos lleva al título.  Como muestra un botón. El que lo probó lo sabe:

 

Sentía una pesadez en la esquina superior derecha del cerebro, el peso del cuerpo inerte de algún animal ovillado y dormido; pero cuando se tocaba la cabeza y apretaba, la presencia desaparecía de las coordenadas del espacio real. Ahora estaba en la esquina superior derecha de su mente, y en su imaginación ella podía ponerse de puntillas y alcanzarla con la mano derecha. Era importante, sin embargo, no provocarla; una vez que aquella perezosa criatura se desplazaba se desde la periferia hasta el centro, los dolores, agudos como un cuchillo, borrarían todo pensamiento y no habría la menor posibilidad de cenar con León y con su familia aquella noche. Se movería como una pantera enjaulada: porque estaría despierta, o por aburrimiento, o por el mero hecho de moverse, o por ningún motivo en absoluto, y sin la menor conciencia. Se tumbó en la cama boca arriba, sin almohada con un vaso de agua al alcance de la mano y, a su lado, un libro que sabía que no podría leer. Lo único que quebraba la oscuridad era una larga y borrosa franja de luz del día reflejada en el techo, encima del bastidor. Estaba rígida, llena de aprensión, paralizada por la amenaza de un cuchillo, consciente de que el miedo no la dejaría dormir y de que su única esperanza residía en permanecer inmóvil.  (págs.81-82)

(…) Otro botón de muestra:

Cómo la culpa depuraba los métodos para torturarse a sí misma, engarzando las cuentas de los detalles en una lazada eterna, un rosario que manosear durante roda la vida. (pág. 206)

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Me he aplicado el refrán para mis lecturas veraniegas. Me gusta aprender algo nuevo de los libros que leo o recordar lo olvidado. Por eso tengo que leer equipada de postits, lápiz, etc. un poco engorroso, pero leo más a gusto, si no se me olvida dónde he leído algo interesante para ahondar, palabras curiosas o, en el peor de los casos, incorrecciones o faltas de ortografía que antes era impensable encontrarlas en obras impresas.

  Expiación se merece su propio espacio. Como ejemplo de un libro leído sin pena ni gloria que me ha llevado a otros temas, este verano tengo el Ladrón de arte de Noah Charney. Lo compré en el círculo de lectores, parecía entretenido. Como novela, bueno, le faltan un par de vueltas. Las novelas que tienen como tema el arte y, como en este caso, escritas por un especialista suelen tener datos interesantes. Esta me ha llevado a visitar cuadros conocidos, a volver a espacios no visitados hacía tiempo como El matrimonio Arnolfini, volver a cada detalle, al simbolismo de todos los elementos, era un lugar familiar, una casa del pasado a la que vuelves y reconoces los rincones. Otro cuadro menos familiar: Los embajadores de Holbein,sólo recordaba el efecto de la calavera, volví al cuadro y sus símbolos, entras en él como en una casa desconocida, de la que te han hablado, llena de rincones para curiosear. También se mencionan grabados de Durero nuevos para mí, supongo que los habré visto antes, pero no los he explorado: El caballero, la Muerte y el diablo, Melancolía y por último San Jerónimo. En la novela no sólo se mencionan, se explican detalles sobre cada uno. Por supuesto, fui rápidamente a buscar los grabados en Internet, los cuadros los pude ver en libro. Puestos a buscar, un tema me llevó a otro…al vanitas como sinónimo de bodegón en arte, a los cuadrados mágicos que aparecen en uno de los grabados de Durero. Bueno, tuve doble ración de lectura, o triple si consideramos también la lectura de los cuadros y grabados.


Se trata de un truquillo denominado «anamorfosis». Holbein es especialmente listo, ya que juega con su propio nombre, que significa «hueso hueco» o «calavera». La anamorfosis es un truco geométrico mediante el cual una forma se pinta de tal modo que sólo se distingue desde un ángulo extremo. La mancha blanca es una calavera de perfectas proporciones. Se cree que el cuadro estaba expuesto en un pasilla estrecho, que uno se acercaría a él por la izquierda, en un ángulo desde el cual la calavera parece informe. Si uno camina ante el cuadro y luego se da la vuelta la calavera se ve. Es un memento morti, algo que nos recuerda que todos moriremos, así que sed buenos, religiosos y todo lo demás. Así, caminar ante el cuadro refleja la propia vida: al principio no se piensa en la muerte, pero cuando uno se acerca al final de la vida, la cara de la muerte se sitúa justo a la espalda, lo mira a uno desde detrás…                                 Noah Charney, El ladrón de arte, Círculo de lectores (Págs.269-270)

 Otra novela, esta fallida, ha sido El quinto mandamiento de Eric Frattini, también en Círculo. Me atraía el tema de la criptografía y el enigmático manuscrito Voynich, pero la novela se va por los derroteros codigodavinchianos y se hace pesada, es más importante la historia de los asesinos que la criptografía, que lata con el tema. No puedo evitar acordarme de la serie ochentena El pájaro espino con aquellos curas que sólo pensaban en el poder. En fin me alejaré de temas vaticanos hasta que se acabe la moda, total ya han desvelado todos los secretos de la historia de la iglesia…

 Otro día, mañana quizás, volveré a mi ventana bloguera para hablar de otras lecturas veraniegas.

 

El caballero, la muerte y el diablo, tres figuras avanzaban de derecha a izquierda, tal vez hacia el estrambótico castillo que se alzaba en lo alto de la colina, a lo lejos. El caballero sonreía levemente, gran parte del rostro oculto por el yelmo, enfundado en una armadura y subido a lomos de un imponente caballo. Era un guerrero que había sobrevivido a numerosos combates, pero dos fantasmas lo acompañaban siempre: la muerte, barbada y esquelética, con una corona de serpientes, se burlaba del caballero sosteniendo en alto un reloj de arena que indicaba que, pese a su destreza en la batalla, su tiempo era forzosamente finito. Detrás del caballero, el diablo, un monstruoso híbrido de macho cabrío con ojos de búho y garras. ¿Estaba dispuesto a atrapar el alma del caballero en cuanto la muerte lo permitiera? ¿Era el caballero malvado o simplemente era malvado haber matado a otros, independientemente del nombre en que se hiciese o la causa que se defendiera? Lesgourges había leído una vez que el caballero era o era el soldado de Cristo ideal, que no temía a la muerte ni al diablo porque Dios estaba con él. «O por lo que sea», pensó Lesgourges.     Noah Charney, El ladrón de arte, Círculo de lectores (Pág.247)

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Nostalgia de futuro

 No puedo ser nostálgica, aunque me gustaría. Como mucho me resisto a hacer limpieza de armarios y deshacerme de trastos viejos, eso sí cada vez menos, incluso hago un par de limpiezas al año; cuando veo bolsas repletas, preparadas para abandonar su tedioso rincón en el armario, me siento liberada. Es un exorcismo, una digestión de productos ligeros que pesan en el ánimo. Los hay más complicados de digerir.

 He tenido mi dosis de ficción nostálgica este verano. Husmeando por la sección de DVD, me encontré con Tristeza de amor¡Qué alegría! Recordaba esa serie, nunca la vi entera, de vez en cuando me topé con algún capítulo, atraída por su sintonía: la canción de Hilario Camacho. Así que me dispuse a verla de un tirón, guardándola como un tesoro para algún momento de tranquilidad, sin comentarios ocurrentes de la familia.

 Intenté atraer algo de nostalgia, que me pareció lo más oportuno. Pensé…entonces (1986) tenía la edad de este personaje, uno de los más jóvenes de la serie, dejando a un lado a la sobrinita…Ahora tengo la edad que tiene este otro personaje que ve su vida en completo declive. Pues nada, no hubo manera. Pasé a una nostalgia socio-histórica…qué buenos años, qué optimismo, pero claro dado que el propio argumento de la serie versa sobre una amplia gama de personajes que viven o tratan de vivir del cuento, muy representativos del chorizaje o pelotazo del momento…pues de aquellos polvos estos lodos, me dije. Para rematar recordé las guerras, atentados, situaciones terribles que estaban por llegar y decidí dejar el intento y disfrutar de la serie, de los detalles cotidianos: la ropa, la mía con hombreras ocupó hace tiempo su bolsa digestiva, los coches, la calle…

 ¡Cielos! Mi cerebro hizo un clic al ver un ordenador, o algo parecido, de ese momento. Un artefacto enorme, gris, horrible, con una pantalla negra donde aparecían letras y signos blancos…No existían estos ordenadores tan de ir por casa, primos de la lavadora y el microondas, electrodomésticos imprescindibles… ¡No existía Internet! ¿Cómo podíamos vivir? Mis neuronas se dispararon…todavía tengo tiempo, con un poco de suerte, de conocer algo similar, que cambie nuestra forma de ver el mundo, qué emoción, qué nostalgia me produce el futuro.

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