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Archive for 24 septiembre 2008

Radio teatro

Acabo de descubrir en la Web de RTVE unos archivos sonoros que me han dejado sin palabras. Antiguos y de programas actuales. ¡Madre mía, cómo hemos vivido sin Internet! Siempre ponen programas interesantes cuando estás haciendo algo y no los puedes escuchar. Hay de todo. También Pod-cast. Con la de horas que pasamos esperando en el ambulatorio, en la cola de los preparados, conduciendo; situaciones en las que no se puede leer. No vas a estar pensando todo el día, tampoco. Te los puedes bajar para tu blog. Cómo me gusta el teatro por la radio, lo vas viendo, para ti, a la vez que lo escuchas: las voces, la dicción. Me han alegrado la tarde.  Ya me veo en mi sillón orejero, escuchando El viaje a ninguna parte, mientras me tomo el té y  mis galletas chiquilín.


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He salido de un libro como si hubiese vuelto de un viaje estupendo: Contenta, relajada y pegada todavía a los lugares y personas que he visitado. La mejor forma que se me ocurre de explicar qué es para mí leer es una imagen bastante tópica que recuerdo de los programas infantiles de mis tiempos, chipiritifláuticos y cía. Un libro enorme, abrían la tapa y se metían dentro, salían de la misma forma.

Vengo de ver campos, granjas, animales, París, aeropuertos, conocer personajes en crisis, niños, relaciones poco frecuentes…

Había leído todo lo que había escrito Anna Gavalda hasta ahora, no es mucho, pero muy bueno o, al menos, para mí lo es. En estos casos de escritores que no tienen mucha obra y me gustan, me queda cierto temor ¿volverá a escribir, lo hará igual de bien, cambiará de estilo, de temas? Pues lo hace mucho mejor y en su tema: Vuelve a mostrarnos su concepto peculiar de “familia”: personajes que, generalmente, ya no buscan ni esperan nada encuentran a otros en la misma situación.  En este libro conocemos a hombres en crisis, huérfanos, mujeres solitarias, mujeres solas con sus hijos, ancianos…Cuando sus vidas se cruzan, se reconocen, saben que son de la misma “familia” y continúan su vida como tal.  Ya sabéis que lo de contar argumentos va en contra de mis principios de lectora (a leerse las solapas del libro, no pienso copiar y pegar) intentaré no hacerlo. En el libro alterna una parte bastante angustiosa, centrada en un personaje, va cambiando un narrador en tercera persona con la primera persona, un monólogo interior en bastantes ocasiones, incluso una segunda persona. Cuando ya te ha transmitido ese agobio, desconcierta el número de páginas que quedan porque no se te ocurre cómo puede seguir esa historia, incluso que no vaya a acabar allí mismo. Este personaje ya había encontrado y perdido esa “familia”. Entonces…sorpresa, sale de ciudades y aeropuertos, te lleva al campo y hay una sobredosis de naturaleza, de vida,  se siente ese cansancio agradable que deja “el campo” a personas acostumbradas a la ciudad.  A estas alturas ya no puedes soltar el libro ni por una urgencia hasta que se acaba, te dan ganas de abrir la tapa y volver otra vez.  No puedo saber si la traducción es buena, pero en español suena muy bien. Lo que no cuadra es el título. En francés es La consolante y se explica perfectamente casi al final, no creo destripar nada, quien no quiera leerlo…punto final. Se refiere a una partida de cartas en la que ya no se juega nada, para resumir. No sé si en español hay una palabra, sería algo así como “partida de consolación” que es un título perfecto.

-Pues… está la primera partida, la segunda, luego la decisiva, después la revancha y, por último, la del consuelo. Es una partida en la que ya nadie se juega nada… Una partida sin competición, sin perdedores… Por el placer de jugar y ya está…pág.505

Y ahora… ¿qué leo yo? os dejo, vecinos. Voy a ojear mis pilas de librossinleer, algo habrá. Si no volveremos a los seguros.

Un aperitivo:

 

 Había esperado hasta tener cuarenta y siete  años para comprender lo que celebraba (…)  cuando lo mandaba todo a paseo con la excusa de que aún estaban vivos. pág. 376

 Ese señor (…), con sus gallinas, sus vacas, el viejo caballo que le habían encargado que cuidara, su perrito y su caos enorme se convirtió en nuestra nueva familia. Por primera vez, me sentía bien. Protegida. Tenía la impresión de que nada malo podía aguardarnos detrás de esas tapias, que el resto del mundo estaba al otro lado del foso…pág.403.

 Todas las personas a las que quería en este mundo estaban junto a él, y no podía soñar, imaginar, concebir o dibujar nada más.

Absolutamente nada. pág.506     

 -¿Por qué no viniste a verla más a menudo? Tú que siempre nos repetías una y otra vez que a la verdadera familia la conoce uno en el camino…pág.426

 (…)se dio cuenta de que había hecho todo el trayecto de ida obsesionado por la muerte, y el de vuelta, estupefacto ante la vida. pág.435

(…)Y, sin embargo creo en la aristocracia. Si es el término exacto, y si es que puede emplearlo un demócrata. No en una aristocracia basada en el rango y la influencia, sino en la de las personas solícitas, discretas y valientes. Los miembos de esa aristocracia se encuentran en todas las naciones, en el seno de todas las clases sociales y en todas las edades. Y hay una suerte de complicidad secreta entre ellos cuando se cruzan unos con otros. Representan a la única y verdadera tradición humana, la única victoria permanente de nuestra extraña raza sobre la crueldad y el caos. pág.426

 

 

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Dientes de leche

 

La portada me llamaba a gritos. Lo último que había leído del autor era María bonita que me dejó buen sabor. No me apetecía leer Dientes de leche por el momento histórico de la Guerra civil, es un tema que pesa porque fue verdad, lo que lees ocurrió a tu familia y a las de al lado. Para nuestra generación, la del autor, es parte de la historia transmitida por abuelos, padres, tíos…machaconamente, durante toda la vida. La parte de historia que hemos vivido, con “uso de razón”, es la del optimismo, la de olvidar y perdonar, convivir, el final de esa historia, lo nuevo, la libertad sin ira. Por eso, cuando ves que no es así, que todavía quedan víctimas, malos entendidos, actitudes que crean nuevas victimas…produce un desasosiego cercano al miedo, un miedo indefinido ¿Cómo será el futuro de mi Dani y de todos los Danis, de sus hijos?

Vi la portada de la edición de Círculo de lectores, donde está la fotografía completa, con fondo. Un niño pertrechado y con ademanes de adulto, vaya ademanes. Cualquier niño en situaciones similares me produce rechazo y odio hacia quien lo ha puesto ahí, sean niños cantando o bailando como ancianos resabiados, vestidos y pintados como miniaturas de lo que nunca deberían ser. Disfrazar a un niño de adulto me parece cruel y más si se añade aquello de…si es él el que quiere…cantar, actuar, lo que sea. Anda que no habrá disfraces para jugar. El niño de la foto está serio, no está jugando, no puede ser una de esas historias de maravillas entre las desgracias, que aguanto tan poco como las de niños que no lo son, tanto en libros como en películas.

Al grano Loli, oigo la voz de Quique, como sabéis marido silencioso y sentencioso, en off. El grano de la novela es el miedo, durante la guerra, después y, sobre todo, el que provoca en todos los demás un tipo de personaje, Raffaele,  perfectamente dibujado como un fantoche, pariente de don Friolera. El peor miedo es el que llega por donde se espera cariño, seguridad, confianza…Este sentimiento doble de miedo provoca otro igual de venganza en uno de sus hijos, Rafael. Además de la venganza fría, calculada, muy satisfactoria como tema de novela, va más allá, hay un deseo de desenmascarar a quien ha hecho tanto daño, es una necesidad, una misión. La propia vida ha puesto al personaje en su sitio por dos veces a través de sus hijos Lucca y Paquito, a quienes rechazó. Cada personaje ofrece una perspectiva diferente ante la misma situación.

El principio de la novela se me hizo pesado, la parte que se centra en la historia de Raffaele, su llegada a España, la guerra y el principio de la posguerra. Quizás por el personaje o porque está más “contado” hay menos detalles que te hacen vivir las situaciones. Me hizo revivir mis frustraciones escolares ante los libros de historia, mucha guerra púnica, muchos cien años, mucho rollo, pero ¿cómo se vestían, qué comían, cómo pasaban el rato…? vamos que donde esté una novela, eso decía yo. Luego ya toma más vida, aparecen nuevos personajes, los hijos, van creciendo, cada uno a su manera, hay detalles cotidianos…No sabes cómo va a terminar aquello, como la vida misma. No pienso contar más. Como en los buenos novelones, los personajes siguen sus vidas más allá del tiempo compartido con nosotros, me gusta especular qué habrá sido de este o del otro, si vivirán en el mismo sitio, incluso echar un vistazo si paso por ahí.

Lo que sientes es miedo.Toda tu vida le has tenido miedo.Y se lo sigues teniendo.pág.224

 

Ésta pronunció una frase que Alberto no olvidaría jamás: Lo malo de las malas personas es que nos hacen peores. Era cierto. Al lado de su padre él siempre se sentía peor persona: rencoroso, mezquino, suspicaz…pag.226

 Ese hombre(…) estaba conociendo la experiencia de convivir con el miedo del mismo modo que, muchos años atrás, la había conocido su abuelo Modesto. Así el sufrimiento de éste quedaba vengado. Pero aún había que vengar a otro Modesto, su tío.pág.266

Porque no había ideología o credo político que no se aplicara a las cosas pequeñas de la vida, y el fascismo envenenaba todo lo que tocaba. Rafael y Alberto estaban muy lejos de comulgar con las ideas políticas de su padre y, a pesar de todo, éstas habían manchado sus vidas y contribuido a hacer de ellos lo que ahora eran: unos adultos que se enfrentaban a su anciano padre con la rabia de los adolescentes.pág.320

Ignacio Martínez de Pisón, Dientes de leche, Círculo de lectores

 

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Otoño, bienvenido

EL PARQUE

 

Sobre la hierba, donde orillan la avenida bancos sin nadie, pequeños en la distancia al pie de los grandes árboles, la luz matinal cae en haces alternados con otros de sombra. Los troncos, componiendo la perspectiva, parecen desde lejos demasiado frágiles para sostener, aunque aligerada por el otoño, la masa de sus frondas, a través de las cuales se transparenta el celeste tan leve del cielo, indeciso aquí y allá entre el rosado y el gris. Un viso de oro lo envuelve todo, armonizando los diferentes verdores, más que como obra de la luz, como obra del tiempo sedimentado en atmósferas sucesivas. La naturaleza a solas recoge en su seno tanta calma y tanta hermosura, originadas y sostenidas una por otra, igual que sonido y sentido en un verso afortunado.

A la tarde, el viento se lleva por la alameda algo que en su alada rapidez no se sabe si son hojas secas o doradas aves migratorias. Tibia la hora, algún grupo de árboles manteniendo su verdor intacto, las palomas revuelan tocadas de ímpetu vernal, y los niños vienen con sus triciclos, con sus cometas, con sus veleros. Si bajo el píe no crujiesen las hojas, nadie diría que fuese otoño, ni siquiera ese perro valetudinario que, encelado y envidioso, ronda los juegos de sus congéneres jóvenes. La luminosidad de un verano de San Martín llena la tarde de promesas engañosas: el buen tiempo presenta un futuro dilatorio, de momentos tan plenos como los días largos de toda una primavera que comienza. Allá entre los troncos más lejanos, donde un vapor ofusca la trasparencia del aire, por la llama de esa hoguera se diría que arde, en pira de sacrificio, buscando transustanciación, el otoño mismo.

Esta glorieta hacia la cual convergen ascendentes las avenidas, parece a la madrugada extinta cavidad de un cráter, en cuyo centro delata a las aguas negras del gran estanque, con un iris rojo, extrañamente cercana y encendida, la luna. Cómo llega a los huesos la frialdad húmeda de la noche, desencarnando al transeúnte y libertando su fantasma. En tal paisaje de trasmundo, sólo la fuerza del deseo retiene sobre el esqueleto los cuerpos abrazados de esa pareja en un banco, a salvo con otra forma de anonadamiento del que infligen las fuerzas maléficas de la noche roja y negra sorbiendo de las venas la sangre y filtrando en su lugar la sombra.

 

Luis Cernuda Ocnos

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Un asesinato piadoso

  Queda abierta la nueva temporada. Los niños vuelven a sus aulas, sus mamás vuelven, en el peor de los casos, a sus trabajos, sin cavilar  qué estará haciendo la criatura o a ver qué hago con el niño hasta que salga del tajo, me concilien la vida laboral o la vida, en general; en el mejor de los casos, vuelven a desayunar con sus amigas-mamás-amas de casa después de la dura tarea de llevar a sus vástagos al autobús. Este último es un asunto para otro día: el concepto de ama de casa. Ahora a lo mío, que si me oyen las vecinas, para qué quiero más…

 Ya he terminado mi libro de detectives que cerrará este verano. Yo soy lectora fiel y leal para lo bueno y lo malo, cuando un autor me gusta lo leo escriba lo que escriba y viceversa. Esta novela me ha dejado un tanto insatisfecha; en términos culinarios, que me vienen más a mano, le faltaba una vuelta, tiene todos los ingredientes que me gustan de las novelas de este personaje, pero no están terminados de asar. Tenemos a un asesino confeso desde el principio, personajes relacionados con el asesino que son analizados; el entorno social, la ciudad con descripciones precisas; la juez (o jueza) que ya conocemos, manteniendo con total coherencia su personalidad, deambulando por calles y bares relacionándose con otros personajes. También encontramos el elemento sorpresa que reaviva el argumento cuando parece que no va a ocurrir nada, que te hacer retroceder y recordar pistas que te han ido dejando para llegar a esa conclusión, ¿algo así como una lectura retrospectiva? Puede ser que se me hayan pasado datos por estas lecturas fin de verano tan apresuradas. No sé qué ha ocurrido con algún personaje desaparecido, creo que no hay una explicación técnica para el papel que juega el ordenador en la trama y la forma de pillar a un personaje al final me parece un poco fácil, como el recurso de todo fue un sueño con el que suelen terminar las redacciones de mi niño. El final es precipitado, fácil. Hasta el hacha que observamos en la portada no me cuadra mucho con el tipo de asesino. A pesar de todo lo dicho esperaré la próxima novela de la juez Mariana de Marco.

Página 154 perfecta descripción de la vida…

Entrevista con el autor:

 

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Ritos de muerte

 

  Es la primera de seis novelas con la inspectora Petra Delicado y el subinspector Garzón como protagonistas. Es también la primera que leo… esta manía mía de empezar por el principio. Creo que se trata, sobre todo, de la presentación de los personajes, conocemos a ambos, en qué momento de su vida están, cómo han llegado ahí y el proceso de encajar uno con otro en un nuevo puesto. La trama policial queda un tanto relegada, a veces te olvidas de que existe, te da la misma sensación que a otros personajes de la novela, que no avanzan mucho en la investigación. El caso tampoco guarda demasiadas sorpresas, tópicos que se ven venir. Si es novela de policías, tenía que existir una investigación, pero está claro que no es lo importante. Tampoco le importa mucho al lector. Los personajes son más convincentes: Petra Delicado cuyo nombre horrible a mí me resulta excesivo, no hace falta tanto simbolismo, está en una crisis que la lleva a cambiar de vida y apartarse de lo anterior (vecinos, ya sabéis que nunca destripo argumentos) A su vez, la vida, siempre tan hábil, le prepara nuevos caminos y una casualidad hace que pase de un puesto burocrático a ocuparse de casos en la calle. Tiene su contrapunto en Fermín Garzón quien tiene asumida su condición de mandao, Es un personaje que va descubriendo facetas nuevas a lo largo de la novela y resulta ser un pensador de lo cotidiano. Cuando pasé la última página ya tenía una empatía con los dos que me obligará a acudir a otras novelas, para saber cómo les va.

 He echado en falta más referencias reales al espacio en el que se mueven, me gusta que en este tipo de novelas hablen de calles, lugares, los describan, aunque sean desconocidos para mí, de alguna manera los visitas. Su espacio es Barcelona y queda muy de fondo. Hay abundantes análisis sicológicos y sociológicos, que en algunos casos resultan muy teóricos, de los personajes.

 Otro aspecto curioso es la época, es de finales de los 90: hablan en pesetas, los personajes se localizan en teléfonos de bares, la era del móvil estaba por llegar. Más allá de lo anecdótico, hay otras situaciones que muestran cómo todo cambia más de lo que nos parece. Petra Delicado se enfrenta al problema de ser policía, mujer y la que manda. Si alguien le hubiera dicho que habría una ministra de defensa que atendía a la lactancia de su niño en el despacho…mis vecinas y yo estamos encantadas cada vez que sale en el periódico.  También aparecen los programas de televisión sensacionalistas y la explotación de las desgracias, en esto no ha cambiado casi nada. No puedo imaginar cómo va a evolucionar esta situación ¿quizás cuando todo el mundo tenga multitud de canales para elegir encontrarán sus temas favoritos y no tendrán que empacharse con cualquier fast-tele?

  Ya los estoy echando de menos, el problema es que también tenía ganas de visitar a otra vieja conocida: la jueza Mariana de Marco así que ya he empezado Un asesinato piadoso, creo que lo terminaré enseguida, a pesar de los ritos cotidianos.

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  Sigo leyendo Ritos de muerte, la primera novela del personaje de Petra Delicado y, como si esta inercia veraniega quisiera hacerme más ligera la llegada del nuevo curso, aparece una nueva entrega de José Mª Guelbenzu protagonizada por la jueza Mariana de Marco: Un asesinato piadoso. Vi el anuncio en la página de la editorial para el 3 de septiembre y me he lanzado a la calle a por ella. Cómo me gusta que salgan continuaciones de novelas o personajes que me han atrapado. Cómo me gusta que los escritores escriban. Total,  que he decidido intentarlo en las pocas librerías de mi barrio. Para que luego digan, lo he encontrado en la librería de Hipercor, no en otras, así que de tirón he comprado el libro, aceite y el segundo plato. No tengo manías con la compra de libros, los compro donde estén y ya ves.

 La portada invita todavía más a leerlo, me suelen gustar las dedicadas a estas novelas en Alfaguara, luego, en las ediciones de bolsillo las han fastidiado. El título también es sugerente, siempre hay un matiz peculiar en los asesinatos de estas novelas, por ejemplo, saber quién es el asesino desde el principio o, creo recordar, no saber si hay muerto. Voy a terminar Ritos de muerte rápidamente para empezar esta. No se pueden mezclar lecturas de detectives a estas edades, me saldría otra novela. 

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