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Archive for 19 octubre 2008

Este es Tintín, claro, la sensación de las calles es parecida. Cosas mías.

 

 La contraportada del libro lo resume así:

La moderna y emprendedora Mei acaba de abrir una agencia privada de detectives en pleno corazón de Pekín. Esta mujer joven es un símbolo evidente del gran cambio cultural y económico que está viviendo China. Al volante de su Mitsubishi rojo, y con un hombre como secretario, Mei está preparada para su nuevo trabajo. Cuando un cliente le pide que encuentre un valioso jade de la dinastía Han sustraído de un museo en plena Revolución Cultural, Mei se verá obligada a profundizar en ese oscuro periodo de la historia de China. La investigación de Mei revela una trama que tiene mucha más relación con el pasado y la historia de su propia familia de lo que podría haber esperado. Esto la llevará a la trastienda de Pekín y a un secreto tan bien guardado que, desenterrarlo, amenazará con destruir lo que Mei consideraba sagrado…

Y está catalogado como policíaca. Pues no es una novela policíaca, es más, en la mayor parte de la novela te olvidas, creo que la autora también se olvida de esta parte y aparece, de vez en cuando, una nueva búsqueda para cumplir el expediente. Estas investigaciones de Mei se colocan en la trama con un punto de desidia y poca credibilidad, si alguien investigase como ella en una novela realmente policíaca se habría encontrado con una bala, o mejor con un puñal, en el capítulo dos.

 Hay que leerla como la historia de una venganza y lo curioso es que la protagonista es la que menos información tiene, hasta el final no sabe nada de la mayoría de los personajes, empezando por su madre, su tío Chen o su antiguo novio. Tampoco sabe qué está buscando realmente, ni en la vida ni en la investigación. Lo que gusta de la novela es ver la China de hoy, como dice la contraportada:

Esta mujer joven es un símbolo evidente del gran cambio cultural y económico que está viviendo China.

Consigue descripciones muy vivas de las calles, restaurantes, explica situaciones de viejos adeptos a la Revolución Cultural que se han tenido que adaptar a la nueva realidad, también la vida de los más jóvenes como Mei. Quizás le falte un poco de garra al personaje, pero claro no puede tenerla, puesto que intenta adaptarse a la vida que quiere entre mentiras, además es un bicho raro entre los suyos. Consigue meterte en los ambientes que siguen siendo exóticos para nosotros. Una de mis escritoras favoritas de adolescencia fue Pearl S.Buck, me leí todas sus novelas de China: La madre, La gran dama, Las hijas de madame Liang… Me gustaban porque te hacían viajar, por el exotismo. Puedo decir que he vuelto a China y ha cambiado mucho.  Es una novela en esta línea.

Bueno, dejo algunos fragmentos y voy a rebuscar en mi pila de libros.

 

 

-Tiene que estar de broma. El fabricante hace sables para los monjes de Shaolin -replicaba el joven dependiente. Sacaba una vara de bambú y, con un movimiento rápido, le rebanaba una loncha.

Grupos de obreros industriales provincianos, todos con chaqueta Mao gris y fumando, merodeaban excitados, conversando sonoramente en sus dialectos. Los viajeros iban allí de compras antes de hacer sus transbordos en la cercana Estación de Pekín. Los vendedores de comida y los ciclistas de paso gritaban a voz en cuello:

-¡Pinchitos mongoles de cordero, si no están buenos no me dé el dinero!

-¿A cuánto la bolsa?

-Antes muerto.

-¡Tortitas de ocho hojas! ¡Al viejo estilo pekinés!

Mei encontró un pequeño restaurante de mesas limpias y se sentó junto a la ventana. Pidió una ración de tallarines en caldo picante de vaca que venía en un cuenco del tamaño de un balde pequeño. Se comió los tallarines y contempló a través de la cortina de encaje al chico que la había estado siguiendo. Bajo una nube de humo de tabaco, tres hombres conversaban ruidosamente en la mesa de al lado, con los rostros rojos de tanto beber.

Mei salió del restaurante, andando hacia el oeste a paso vivo, repicando los tacones. Dobló con celeridad una esquina y se detuvo a echar un vistazo hacia atrás. Volvió a ponerse en marcha, más deprisa. Tras unos cuantos giros estaba otra vez en la ancha calle peatonal de Liulichang. Se paró en el umbral de la primera tienda que encontró y esperó.

-Eh, ¿por qué me sigues? -preguntó, apoyándose en el poste de madera de la entrada. Pág. 74

 

 

Desde el asiento trasero del coche, Mei miró pasar las calles de Pekín. Era como el desfile de los años: las farolas se acercaban, trayendo consigo hongos de luz amarilla, y luego desaparecían, dejando sólo oscuras sombras y secretos perdidos.

Como cualquier otra ciudad, Pekín parecía más romántico de noche. Torres de oficinas de reciente construcción iluminaban con portentosas expectativas el horizonte. Las ventanas de deteriorados cuchitriles se habían encendido ahora con la promesa de amor y cariño. Los últimos vendedores callejeros estaban cerrando, recogiendo barbacoas de barril y taburetes de madera en carretillas que luego empujaban con la espalda doblada hasta los dormitorios de chapa infestados de ratas que compartían con otros inmigrantes de provincias. Se les encendía la cara al pensar en el calor, las camas y los pueblos natales. Autobuses medio vacíos runruneaban nostálgicos por estrechas callejuelas. La noche era como un pincel mágico que cubría de negro toda la fealdad para que la hora del amor y los deseos pudiera desplegarse…Mei contempló las luces amarillas que venían y se iban. Estaban cogiendo velocidad. Pág.153

 

Los vendedores ambulantes habían plantado sus hornillos en la calle de la Comida Exquisita. Dados de queso de soja y carne picante de vaca crepitaban en las planchas de freír de hierro. El humo de las parrillas de carbón flotaba por todas partes. Los vecinos se saludaban calurosamente unos a otros, y clientes y vendedores gritaban.

-¿El hermano pequeño todavía se hace pis en la cama?

-Gracias a Dios que no es más que mi nieto.

Las guindillas y los granos de pimienta de Sichuan recién fritos chisporroteaban, levantando una ráfaga de toses.

-Jefe, no se pase con la guindilla, ¿eh? -un hombre abanicaba el humo con la mano.

-¡Si no pica, no sabe! -gritó el hombre de ojos negro! desde detrás de una nube de vapor.

-Vamos al salón de té -el tío Chen le tiró del brazo de Mei-. La tía no me deja comer en la calle. Le parece que ésos no son sitios limpios. Pág. 193

 

El tío Chen vivía en una torre de apartamentos en la avenida de la Puerta de Fucheng.

Era la hora de comer. Ciclistas de todas las edades venían de todas partes, levantando al desmontar nubes de polvo. Los alumnos de instituto con sus uniformes llegaban cor atletas. Todo el mundo tenía prisa por llegar a casa a comer.

 El ruido de la calle aumentó. Los coches y los camiones avanzaban con estruendo. Los trolebuses azules y blancos que parecían babosas con dos antenas negras, arrancaban chispas de los cables suspendidos por encima.

Mei tenía que conducir despacio, zigzagueando tras bicicletas con su coche, que se ahogaba en su propio tubo escape. Los ciclistas o la ignoraban o le echaban desde delante miradas de desdén.

Por fin encontró un sitio para aparcar en un lado del edificio del tío Chen, que lindaba con dos construcciones idénticas de color negro y gris.

Esas torres se habían levantado a finales de los a ochenta. En la época de su construcción, con sus ascensores y sus ventanales en los pasillos, eran los edificios de viviendas más codiciados de Pekín. Ahora parecían marchitas prostitutas luciendo sus gastados cuerpos en la acera, transeúntes les escupían y hablaban de su fealdad(…) Cuando el ascensor llegó, la gente se apretó en su interior, acalorada y sudorosa. A una de las chicas modernas se enganchó la falda entre las piernas del tipo bovino, que le lanzó una sonrisa. Ella liberó de un tirón su falda, soltó una imprecación y le susurró algo a su amiga. Las dos volvieron la cara hacia otro lado con desagrado. Pág. 209 .

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Estoy inquieta. He terminado La historia que me escribe de Fernando Trías de Bés. Desde entonces no he dejado de mirar por encima del hombro, de espiar por las ventanas de mi Blog, no sé…

Voy a mi libro. El punto de partida es este:

El mundo no es más que una realidad imaginada, lo que implica que ambas dimensiones, realidad y ficción, están conectadas. pág.29

Es uno de los temas emocionantes para cualquier lector como dios manda, más si vive en Internet. Un escritor se ve abocado a escribir un libro que lo va a atrapar, engullir dicen ellos, y acabar con él. Su vida, desde que un extraño grupo le propone llevar a la literatura los dibujos de Escher, consiste en huir de esta propuesta, en evitar ser alcanzado por ¿la ficción, la realidad?

 …un juego entre imaginación y realidad con la capacidad de transformar esta última. pág.34

Consigue ganar dieciocho años en esta persecución. Al comienzo del libro te sitúan muy bien en la idea a través de Escher, La cinta de Moebius…

Perfecta analogía gráfica de nuestras ideas. pág.40

Pasa poco más de un tercio de la novela en la huida, con la aparición esporádica de personajes o hechos relacionados con la propuesta inicial. A partir de aquí tiene que rendirse, definitivamente atrapado va a una cita demorada durante toda su vida. El libro va sorprendiendo, porque es una idea difícil de mantener en una novela, pero lo consigue, no es previsible nada de lo que ocurre, ni por donde te lleva(cuidado con los listillos, hay que leerla entera). Los espacios tienen un realismo en su descripción que te permite verlos y visitarlos, pero siempre manteniendo una atmósfera de falso escenario que es la que siente el protagonista, como en El Show de Truman o Pleasantville, eso sí en el mundo de Escher.

Otra trama en la obra es la novela que escribe el protagonista, va dando pequeñas lecciones sobre cómo escribir una novela de éxito, hasta que…

Era como si la novela estuviese adquiriendo cierta voluntad, como si estuviese cobrando vida. pág.142.

Planteamiento imprescindible en este tema, al fin y al cabo, estamos leyendo la novela sobre un escritor de novelas a quien le encargan escribir la novela definitiva que lo convertirá en personaje de novela. Aparecen más personajes atrapados en este juego imaginación-realidad como un quijotesco médico de quien se afirma que:

 La imaginación invadía su realidad. pág.193.

Realmente la estructura de la novela y, sobre todo, el final, responde a la idea de la cinta de Moebius. No os la perdáis. Yo voy a seguir indagando sobre mi realidad ¿realmente vivo aquí en el barrio WordPress, en esta casa llena de ventanas, con mi Dani y Quique…? Es emocionante pensar que quizás alguien me esté inventando y lo lea todo por mí. Me he dado una vuelta por Internet, aprovechando el final del otoño y he encontrado algunas cosas: un vídeo donde el autor de la novela habla sobre ella y como hay gente pa tó, unas construcciones de Escher con legos. Páginas con los dibujos de Escher hay muchas, mi favorito es este:

 

¿Quién nos mira?

¿Quién nos mira?

 

 

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