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Archive for the ‘Dobles’ Category

    La piedra filosofal

No sé si esto me va a alejar de los círculos más intelectuales del barrio. Pero yo estoy aquí para contar lo que leo.  Hace poco más de una semana vinieron a despedirse mi amiga Pili y su niña, que se iban a la playa. Me trajeron, a traición, y en connivencia con mi Dani, el primer libro de Harry Potter. Estaban todos empeñados en que lo tenía que leer. Yo había visto las pertinentes películas para tener un tema de conversación con mi vástago, incluso le compré los libros, el primero lo sacó de la biblioteca y le gustó. Los he hojeado a veces, pero nada más. Los libros de adolescentes me dan mucha pereza. A ver este año qué le hacen leer al niño, miedo me da. Esto lo contaré otro día. Con la excusa de la última película me convencieron y prometí por mi honor que lo intentaría, con toda mi voluntad lectora.   Ahí va la experiencia. Empezamos mal. No sé si la traducción, si yo que tenía pocas ganas…

El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros. Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso.

Claro, digo yo, que tendrá que ver el cuello con el bigote, ese aunque me hizo despotricar un rato, pero seguí, como las de la tele, por mi hijo. Cuatro o cinco hojas más y…

Cuando entró en el camino del número 4, lo primero que vio (y eso no mejoró su humor) fue el gato atigrado que se había encontrado por la mañana. En aquel momento estaba sentado en la pared de su jardín.

Nuevo escollo. Yo, para leer, tengo que verlo todo, como tercer ojo no tengo, a través de los datos que me han aportado mis sentidos normales ¿Cómo veo yo un gato sentado en la pared de un jardín? ¿pegado como Spiderman? ¿delante de la pared? ¿sobre la pared, cómo es esa pared, no será una tapia, muro o como poco un poyo? Bueno, oye, sigamos, estaba sentado el gato y punto. Yo estaba sentada también, con mis gafas progresivas para controlarlo todo bien, en el salón donde mi niño y su papá ven la televisión; no leo allí, sino en mi rincón, como ya he contado, pero no quería que mi empeño pasase desapercibido. Mejor hubiera sido. Nosotros somos de los que expresan sus frustraciones en voz alta. Lo del aunque, lo del gato y cuatro o cinco cosillas más, las solté como para mí…La que se organizó…Dani me llamó prejuiciosa y listilla, que para rato se leía mis recomendaciones, que se iba a comprar la colección entera de Pesadillas y luego dejaría la lectura para toda la vida…y que se iba a casa del Pirri que su madre no leía y no le daba la brasa; yo argumentando a mi favor y el padre de la criatura que no sabía si era una pesadilla de siesta o la vida misma, cuando se enteró, se fue a la cama.   Pasamos unos días de relaciones distantes, en los que yo volví a mi rincón y a mis gafas de cerca con el dichoso Harry. Terminé el primero, Harry Potter y la piedra filosofal, digo, pues oye voy a leer el segundo y así hago méritos. Mi niño lo tenía en la estantería, pues lo leí…Para que nos vamos a engañar, estaba enganchada a la historia, cayó la Cámara secreta, mejor traducido también… iba yo a dejar a Harry después de haber matado a un basilisco, vencido al malo, que desapareció…otro El prisionero de Azkaban…Este ya da más miedo, pero seguí y al cuarto libro…yo ya no podía vivir sin saber cómo terminaba la historia, me levantaba al tercer ronquido de Quique para seguir leyendo, llevaba los libros por todas partes…  Ellos me miraban, primero con una sonrisilla de ya, ya, la listilla, después con extrañeza, iba casi a libro por día. Acabé El cáliz de fuego un sábado justo cuando Quique anunciaba la cena. Fui a buscar los siguientes, para tenerlos a la vista, el niño que lo adivinó, me dijo que ni me molestase que esos no los teníamos, que se los había prestado el Pirri, ese niño cuya madre no lee, y que estaba en el pueblo hasta septiembre. Casi me da un desmayo. Mi niño que me conoce, gritó “A Hipercor que aún queda media hora” y nos lanzamos los dos a la calle como prófugos; nunca me ha parecido el ascensor tan lento, ni las escaleras tan poco automáticas, llegamos a los libros y…estaban La Orden del Fénix y El Misterio del príncipe, dijo Dani como experto en el tema. Volvimos victoriosos, yo agarrada a la bolsa como a un salvavidas. Al día siguiente, en un descanso de lectura, mi niño me enseñó el último que había bajado, traducido, de un blog. Lo llené de besos. Para dar fin a la aventura, terminé los de papel, leí el otro en mi portátil sentada en la terraza hasta las tantas de la madrugada y mi niño y yo tuvimos tema de conversación para una temporada.Las reliquias de la muerte

  

 

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La guerra de los mundos

Laloli en su sillón con un libro en las manos y una sonrisa en los labios. El sol adolescente de las primeras tardes de marzo la mira por encima del hombro. Tras unos ruidos guturales y unos arañazos de música MP3 demasiado alta, entra Dani, su hijo; larguirucho, zombificado, con varias prendas de ropa deportiva colgadas de su cuerpo. LOLI: Dani, rey, ven, este libro es genial, dame un beso y te leo un poco, ¿sabes, es interesantísimo?DANI: Ya. (más…)

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 laloli                        

  Como que me llamo Loli, se acabó. Todo. Me falta espacio y me sobra casa. Al fin y al cabo estoy sola, ya ves: Quique, el increíble hombre menguante, el lunes, el hombre invisible, a partir del miércoles y el ataque de los muertos vivientes, el sábado-noche. Y el niño, de pequeño, el bebé del exorcista que vino del pueblo de los malditos, si es que las siestas en verano son malas…   Sólo me quedan Sally, destrozando el sofá, y Nexus reciclando zapatillas viejas, mis amigas y, sobre todo, mis libros, ellos sí que están siempre esperando; me hacen reír, llorar, me emocionan y hasta me hacen sentir tonta, pero no son crueles, son pacientes, si no puedes ahora, te esperan unos años. (más…)

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