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Archive for the ‘Interiores’ Category

Hacer compañía

 compañía

La melancolía de este otoño extraño me trae por aquí otra vez.  Me refugio en mi casa-blog. Estoy comprobando, más bien confirmando,  cómo los seres humanos tienden a los grandes gestos, pero se olvidan de lo que importa. No es aquello del dedo y la luna, el árbol y el bosque, ni lo invisible… ni ninguna historia de esas que te quedas con cara de vaya cara tonto si no sé qué quiere decir. Me dan escalofríos cuando oigo aquello de aquí me tienes para lo que haga falta, el trasunto es: sé que no va a hacer falta o échame un galgo cuando la haga; o lo de si me necesitas… ¿qué pasaría entonces? Es más fácil…aquello del detalle, lo pequeño: una llamada para nada, porque me acuerdo, un e-mail ahora que es sencillo y asequible. Pero claro, hace falta que realmente te interese acordarte más allá de quedar bien. La navidad que llega es el remate, siempre me ha gustado, eso sí, pero la superficialidad nos invade más aún. La verdad es que el Principito lo explica muy bien, más bien, el zorro. Pero no nos quedemos en ramas cursis, la interpretación, no la obra por dios. Me chirría poner el corazón por medio, ¿para qué tenemos cerebro? Para saber, analizar, intuir, etc. Hace falta mucho cacumen para encontrar el matiz preciso de una de las acciones más difíciles “hacer compañía” , apenas se utiliza ya la expresión salvo para hablar de perros o gatos; realmente podríamos aprender de ellos, cada uno a su manera, siempre están ahí, intuyen cuando su dueño (no voy a buscar otra palabra, es nuestra, no sé cómo nos llaman ellos) los necesita, con un gesto, una patita, un lametón lo dicen todo, sin molestar ni acaparar, sin que sea más importante su presencia que el desánimo de la otra persona. Qué pena, parta hablar de esto sólo se me ocurren ejemplos de animales…

 

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Claire Fontaine, mis favoritos  En rojo, formato muy útil.

 

     Un tópico de seudobuenlector es aquello de  “me encanta el olor a tinta” , “a libro nuevo”, etc. al igual que los no-lectores se agarran a aquello de “¡qué caros son los libros!”, yo no soy ni una cosa ni otra. En cuanto a papel, me gustan las papelerías con cartulinas, hojas de distinta textura, papeles decorados, sobres…todo muy colorido y abundante. Babeo igual que lo hago en una buena ferretería llena de cajoncitos con sabe dios qué pegado en el frente, todo de madera o en una mercería,  cambiando los tornillos por hilos, gomas y encajes. Ya lo sé, otro tópico, pues sí.  En el caso del papel, disfruto coleccionando libretas, libretitas, plumas, bolígrafos, etc. Son mis souvenirs en los viajes a cualquier sitio. Os dejo testimonio de una antigua alma gemela también preocupada por el papel, plumas y todo eso…San Isidoro:

Del papel

En la ciudad de Menfis, de Egipto, fue donde primeramente se usó el papel; ya dijo Lucano (4, 135): (…) «Las cartas se hacen en Menfis con papel que absorbe.» Llama al papel húmedo bibula porque absorbe el agua.

(…)

De los pergaminos

        Los reyes de Pérgamo fueron los primeros que, cuando necesitaban escribir, usaron membranas, que de su origen recibieron el nombre de pergamino, que conservan hasta hoy. Se llaman membranas porque se obtienen de miembros de animales.

        Primeramente se hacían de color amarillo; después aparecieron en Roma los pergaminos blancos, comprobándose que no eran convenientes, ya porque fácilmente se manchaban, ya porque dañaban la vista de los lectores, cosa que era tenida también cuenta, que los arquitectos de más nombre prohibían poner en las bibliotecas techos dorados y pavimentos que no fueran de mármol de Caristo, porque este mármol, con su color verde, apagaba el fulgor del oro y era alivio para los ojos.

        Por esta razón los cambistas ponen sus denarios sobre paños verdes y los tallistas de gemas tienen ante los ojos dorsos de escarabajos, que son muy verdes, y los pintores hacen lo mismo, para que descanse la vista, con el color verde, en medio del trabajo.

        Las membranas son blancas, terrosas (amarillentas) o purpúreas. La blanca es el color natural; la terrosa es de dos colores: se tiñe por una parte color de amarillo, acerca de lo cual dice Persio (Sal, 3, 10): (…) «Ya está el líber, y la membrana de doble color limpiada de pelos.»

        La purpúrea es la que se tiñe de color rojo, para que destaque en ella el oro y plata de las letras.

De la manera de hacer los libros

Algunas clases de libros entre los gentiles tenían determinado tamaño. Los versos y epístolas tenían forma más pequeña; pero las historias se escribían en libros mayores, y no solamente en papel o membrana, sino en membrana hecha del redaño de los elefantes, y también con un papel formado de hojas de malvas y palmeras.

        De esta clase hace mención Cinna cuando dice (11): (…) «Te he traído en calidad de regalo, en una navecilla prusiaca, estos versos muy trabajados al resplandor de lámparas arateas, por las cuales conocemos los fuegos aéreos, y están escritos en un seco papel de ligera malva.»)

        La práctica de recortar los libros existió primeramente en Sicilia; pues al principio sólo se alisaban. De donde dice Catulo (1,1): (…) « ¿A quién regalo este nuevo librito de gracia alisado con la seca piedra pómez?»

De los nombres de los libros

        Códex (códice) se llama el libro de un solo volumen, aunque contenga varias obras. Se llama códex por traslación, tomado de caudex, tronco de los árboles, que se compone de muchas ramas; así también el códex tiene muchos libros.

        Volumen (rollo): se llama a volvendo, de revolver, y así se dice entre los hebreos el volumen de la ley y los volúmenes de los profetas.

        Líber es la membrana que tienen los árboles entre la corteza y la madera; de ella dice Virgilio (EgL, 10, v. 67): (…) «El liber se seca en el alto olmo.» De aquí vino el nombre de libro, porque antes del uso del papel y membrana animal se hacían los libros de esta membrana vegetal, que se llama liber, de ahí también que a os copistas se les llamara librarios.

De los que hacían los libros y sus instrumentos

        Los librarios (copistas) antes se llamaban bibliopolas, del griego biblon. Los librarios se llaman también anticuarios’, pero propiamente librarios son los que escriben tanto los libros antiguos como los nuevos, y anticuarios los que solamente copiaban los antiguos, y de ahí tomaron su nombre.

        El nombre de escriba, o escribiente, viene de escribiendo, expresando su oficio el mismo vocablo.

        Los instrumentos del escriba son la caña y la pluma. El primero está tomado del reino vegetal, y la pluma es de ave. Su extremidad se divide en dos, conservando la unidad de la pluma, significando que en aquella división que se hace en el extremo fino de la pluma se representan el Antiguo y el Nuevo Testamento, con los cuales se expresa el sacramento de la palabra, difundida por la sangre de la pasión.

        Se llama cálamo porque pone la tinta sobre el papel. Los marinos usan este verbo calare en el significado de poner.

        Penna (pluma) viene a apendendo, esto es, volando. Pues, como se dijo, son pluma de ave.

        Folia (hojas) de los libros. Se llaman así o por la semejanza con las de los árboles, o porque se hacían exfollibus, de fuelles, esto es, de pieles de animales. Las caras de estas hojas se llaman páginas, porque compinguntur, van unidas.

        Verso, llamado así por el vulgo porque se escribía a semejanza de como se ara la tierra: empezaban llevando el estilo de izquierda a derecha, después lo llevaban más abajo, y empezaban de nuevo el movimiento otra vez a la derecha; y a la vuelta que dan los bueyes cuando aran para empezar otro surco le llaman los rústicos verso.

        Scheda (esquela): se llama así el escrito que está sometido a corrección y no está aún redactado en libros. Es vocablo griego, como también es griega la palabra tomo.

Lo he tomado prestado de la Historia de la Literatura universal, de Martín de Riquer y J.M. Valverde, de los pocos libros formato enciclopedia que han entrado en mi casa, es decir, que se lee aunque sea incómodo, no sé si han editado un formato más ligero.

 

San Isidoro no habló de ellos de milagro.

San Isidoro no habló de ellos de milagro.

http://www.clairefontaine.com/Clairefontaine-Rhodia/Les-filiales/Clairefontaine-France.html

 

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Ya viene

 

  Me gustan los ritos, manías dicen Quique y mi vástago. Me gusta vivir en lugares donde se note el paso de las estaciones, que haga frío y calor. Que el Otoño, mi favorito,  marque el paso. Poder ya vienequitarme el abrigo y la bufanda, poner el edredón en la cama, comer sopa y borrajas… Los inviernos cálidos resultan al final aburridos.

 El Otoño está lleno de pequeños cambios que hacen más llevadera la vuelta al trabajo: nos cambian la hora y parece un regalo matutino, todo se tranquiliza, el sol deja de gritar.

 Ya se aproxima un nuevo ciclo. Estos días han amanecido con una niebla espesa, de cuento. Hacía tiempo que no disfrutaba de la niebla; dejarme los ojos en la línea blanca de la carretera o en los faros del que va delante, casi me hizo olvidar cuánto me ha gustado siempre. La niebla da una atmósfera de irrealidad a lo cotidiano que parece detener el tiempo. Sigo leyendo La muerte de Arturo e imagino muchos paisajes envueltos en ella.

Ya llega: En la calle ya se anuncia la navidad. Ya han colgado la estrella y el Felicidades en el Corte inglés, ya se pueden comprar nacimientos, espumillón, etc. Me gusta la navidad ¿consumismo? nadie te obliga a comprar, ¿hipocresía? la de todo el año, ¿tristeza? bueno, su dosis. Me gustan los relatos de navidad, el Cuento de navidad, Mujercitas con esa cena que llevan a los niños más pobres que ellas…Las películas de navidad, para mí es Matar a un ruiseñor, no sé por qué, yo la veo en navidad.  Es una época de ciencia ficción, se diluyen los años, la sensación es parecida siempre, se borra el tiempo. Bueno, voy a terminar mis libros empezados, para que la navidad me pille con uno de los de siempre ¿Alguna propuesta?

 

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Estoy inquieta. He terminado La historia que me escribe de Fernando Trías de Bés. Desde entonces no he dejado de mirar por encima del hombro, de espiar por las ventanas de mi Blog, no sé…

Voy a mi libro. El punto de partida es este:

El mundo no es más que una realidad imaginada, lo que implica que ambas dimensiones, realidad y ficción, están conectadas. pág.29

Es uno de los temas emocionantes para cualquier lector como dios manda, más si vive en Internet. Un escritor se ve abocado a escribir un libro que lo va a atrapar, engullir dicen ellos, y acabar con él. Su vida, desde que un extraño grupo le propone llevar a la literatura los dibujos de Escher, consiste en huir de esta propuesta, en evitar ser alcanzado por ¿la ficción, la realidad?

 …un juego entre imaginación y realidad con la capacidad de transformar esta última. pág.34

Consigue ganar dieciocho años en esta persecución. Al comienzo del libro te sitúan muy bien en la idea a través de Escher, La cinta de Moebius…

Perfecta analogía gráfica de nuestras ideas. pág.40

Pasa poco más de un tercio de la novela en la huida, con la aparición esporádica de personajes o hechos relacionados con la propuesta inicial. A partir de aquí tiene que rendirse, definitivamente atrapado va a una cita demorada durante toda su vida. El libro va sorprendiendo, porque es una idea difícil de mantener en una novela, pero lo consigue, no es previsible nada de lo que ocurre, ni por donde te lleva(cuidado con los listillos, hay que leerla entera). Los espacios tienen un realismo en su descripción que te permite verlos y visitarlos, pero siempre manteniendo una atmósfera de falso escenario que es la que siente el protagonista, como en El Show de Truman o Pleasantville, eso sí en el mundo de Escher.

Otra trama en la obra es la novela que escribe el protagonista, va dando pequeñas lecciones sobre cómo escribir una novela de éxito, hasta que…

Era como si la novela estuviese adquiriendo cierta voluntad, como si estuviese cobrando vida. pág.142.

Planteamiento imprescindible en este tema, al fin y al cabo, estamos leyendo la novela sobre un escritor de novelas a quien le encargan escribir la novela definitiva que lo convertirá en personaje de novela. Aparecen más personajes atrapados en este juego imaginación-realidad como un quijotesco médico de quien se afirma que:

 La imaginación invadía su realidad. pág.193.

Realmente la estructura de la novela y, sobre todo, el final, responde a la idea de la cinta de Moebius. No os la perdáis. Yo voy a seguir indagando sobre mi realidad ¿realmente vivo aquí en el barrio WordPress, en esta casa llena de ventanas, con mi Dani y Quique…? Es emocionante pensar que quizás alguien me esté inventando y lo lea todo por mí. Me he dado una vuelta por Internet, aprovechando el final del otoño y he encontrado algunas cosas: un vídeo donde el autor de la novela habla sobre ella y como hay gente pa tó, unas construcciones de Escher con legos. Páginas con los dibujos de Escher hay muchas, mi favorito es este:

 

¿Quién nos mira?

¿Quién nos mira?

 

 

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He salido de un libro como si hubiese vuelto de un viaje estupendo: Contenta, relajada y pegada todavía a los lugares y personas que he visitado. La mejor forma que se me ocurre de explicar qué es para mí leer es una imagen bastante tópica que recuerdo de los programas infantiles de mis tiempos, chipiritifláuticos y cía. Un libro enorme, abrían la tapa y se metían dentro, salían de la misma forma.

Vengo de ver campos, granjas, animales, París, aeropuertos, conocer personajes en crisis, niños, relaciones poco frecuentes…

Había leído todo lo que había escrito Anna Gavalda hasta ahora, no es mucho, pero muy bueno o, al menos, para mí lo es. En estos casos de escritores que no tienen mucha obra y me gustan, me queda cierto temor ¿volverá a escribir, lo hará igual de bien, cambiará de estilo, de temas? Pues lo hace mucho mejor y en su tema: Vuelve a mostrarnos su concepto peculiar de “familia”: personajes que, generalmente, ya no buscan ni esperan nada encuentran a otros en la misma situación.  En este libro conocemos a hombres en crisis, huérfanos, mujeres solitarias, mujeres solas con sus hijos, ancianos…Cuando sus vidas se cruzan, se reconocen, saben que son de la misma “familia” y continúan su vida como tal.  Ya sabéis que lo de contar argumentos va en contra de mis principios de lectora (a leerse las solapas del libro, no pienso copiar y pegar) intentaré no hacerlo. En el libro alterna una parte bastante angustiosa, centrada en un personaje, va cambiando un narrador en tercera persona con la primera persona, un monólogo interior en bastantes ocasiones, incluso una segunda persona. Cuando ya te ha transmitido ese agobio, desconcierta el número de páginas que quedan porque no se te ocurre cómo puede seguir esa historia, incluso que no vaya a acabar allí mismo. Este personaje ya había encontrado y perdido esa “familia”. Entonces…sorpresa, sale de ciudades y aeropuertos, te lleva al campo y hay una sobredosis de naturaleza, de vida,  se siente ese cansancio agradable que deja “el campo” a personas acostumbradas a la ciudad.  A estas alturas ya no puedes soltar el libro ni por una urgencia hasta que se acaba, te dan ganas de abrir la tapa y volver otra vez.  No puedo saber si la traducción es buena, pero en español suena muy bien. Lo que no cuadra es el título. En francés es La consolante y se explica perfectamente casi al final, no creo destripar nada, quien no quiera leerlo…punto final. Se refiere a una partida de cartas en la que ya no se juega nada, para resumir. No sé si en español hay una palabra, sería algo así como “partida de consolación” que es un título perfecto.

-Pues… está la primera partida, la segunda, luego la decisiva, después la revancha y, por último, la del consuelo. Es una partida en la que ya nadie se juega nada… Una partida sin competición, sin perdedores… Por el placer de jugar y ya está…pág.505

Y ahora… ¿qué leo yo? os dejo, vecinos. Voy a ojear mis pilas de librossinleer, algo habrá. Si no volveremos a los seguros.

Un aperitivo:

 

 Había esperado hasta tener cuarenta y siete  años para comprender lo que celebraba (…)  cuando lo mandaba todo a paseo con la excusa de que aún estaban vivos. pág. 376

 Ese señor (…), con sus gallinas, sus vacas, el viejo caballo que le habían encargado que cuidara, su perrito y su caos enorme se convirtió en nuestra nueva familia. Por primera vez, me sentía bien. Protegida. Tenía la impresión de que nada malo podía aguardarnos detrás de esas tapias, que el resto del mundo estaba al otro lado del foso…pág.403.

 Todas las personas a las que quería en este mundo estaban junto a él, y no podía soñar, imaginar, concebir o dibujar nada más.

Absolutamente nada. pág.506     

 -¿Por qué no viniste a verla más a menudo? Tú que siempre nos repetías una y otra vez que a la verdadera familia la conoce uno en el camino…pág.426

 (…)se dio cuenta de que había hecho todo el trayecto de ida obsesionado por la muerte, y el de vuelta, estupefacto ante la vida. pág.435

(…)Y, sin embargo creo en la aristocracia. Si es el término exacto, y si es que puede emplearlo un demócrata. No en una aristocracia basada en el rango y la influencia, sino en la de las personas solícitas, discretas y valientes. Los miembos de esa aristocracia se encuentran en todas las naciones, en el seno de todas las clases sociales y en todas las edades. Y hay una suerte de complicidad secreta entre ellos cuando se cruzan unos con otros. Representan a la única y verdadera tradición humana, la única victoria permanente de nuestra extraña raza sobre la crueldad y el caos. pág.426

 

 

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Otoño, bienvenido

EL PARQUE

 

Sobre la hierba, donde orillan la avenida bancos sin nadie, pequeños en la distancia al pie de los grandes árboles, la luz matinal cae en haces alternados con otros de sombra. Los troncos, componiendo la perspectiva, parecen desde lejos demasiado frágiles para sostener, aunque aligerada por el otoño, la masa de sus frondas, a través de las cuales se transparenta el celeste tan leve del cielo, indeciso aquí y allá entre el rosado y el gris. Un viso de oro lo envuelve todo, armonizando los diferentes verdores, más que como obra de la luz, como obra del tiempo sedimentado en atmósferas sucesivas. La naturaleza a solas recoge en su seno tanta calma y tanta hermosura, originadas y sostenidas una por otra, igual que sonido y sentido en un verso afortunado.

A la tarde, el viento se lleva por la alameda algo que en su alada rapidez no se sabe si son hojas secas o doradas aves migratorias. Tibia la hora, algún grupo de árboles manteniendo su verdor intacto, las palomas revuelan tocadas de ímpetu vernal, y los niños vienen con sus triciclos, con sus cometas, con sus veleros. Si bajo el píe no crujiesen las hojas, nadie diría que fuese otoño, ni siquiera ese perro valetudinario que, encelado y envidioso, ronda los juegos de sus congéneres jóvenes. La luminosidad de un verano de San Martín llena la tarde de promesas engañosas: el buen tiempo presenta un futuro dilatorio, de momentos tan plenos como los días largos de toda una primavera que comienza. Allá entre los troncos más lejanos, donde un vapor ofusca la trasparencia del aire, por la llama de esa hoguera se diría que arde, en pira de sacrificio, buscando transustanciación, el otoño mismo.

Esta glorieta hacia la cual convergen ascendentes las avenidas, parece a la madrugada extinta cavidad de un cráter, en cuyo centro delata a las aguas negras del gran estanque, con un iris rojo, extrañamente cercana y encendida, la luna. Cómo llega a los huesos la frialdad húmeda de la noche, desencarnando al transeúnte y libertando su fantasma. En tal paisaje de trasmundo, sólo la fuerza del deseo retiene sobre el esqueleto los cuerpos abrazados de esa pareja en un banco, a salvo con otra forma de anonadamiento del que infligen las fuerzas maléficas de la noche roja y negra sorbiendo de las venas la sangre y filtrando en su lugar la sombra.

 

Luis Cernuda Ocnos

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Piratas, detectives, islas, aventuras, lugares decadentes y soleados…, libros largos, largos y mucho tiempo. 

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