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Archive for 27 agosto 2007

cuentos_orientales_marguerite_yourcenar__98266.gif    No voy a hablar de comida, ni de bodas. Quería hablar de cuentos. A mí me gusta mucho leer cuentos, relatos breves o como lo queráis llamar. Esto o novelones, lo que no me aprovecha nada es una novela corta, de esas de cien o doscientas páginas…No, te la lees de un tirón y te quedas sin historia en dos tardes; para poco rato te deja a medias. Los cuentos son como los sorbetes de limón en esas bodas tremendas en las que te ceban…que te has leído un novelón de esos de no soltarlo en todo el día, de los que te atrapan y luego tienes que volver a la realidad poco a poco, pues nada mejor que unos cuantos cuentos para ir preparando el cuerpo para otro. Algunos cuentos más que digestivos son auténtico caviar del más caro, digo caviar por lo de caro, pero yo pienso más bien en bombones deliciosos que se saborean. Te dejan con un gusto de boca inolvidable, de buen humor. Otra ventaja de los cuentos, los puedes llevar en el bolso a la peluquería, el autobús, la consulta del dentista… y te vienen justos.  Estoy estos días en eso. Unos días de bombones. Abrí la caja de Cuentos orientales de Marguerite Yourcenar. Es difícil destacar uno, son todos sorprendentes, empezando por el que abre el libro, el del maestro Wang-Fô, de nuevo el arte superando a la realidad. Todos los buenos autores han escrito cuentos y siempre que se vuelve a ellos sorprenden…Cortázar, Poe,P. Highsmith, Truman Capote, Galdós, Manuel Rivas, Borges… Hay dos colecciones que abro de vez en cuando, son del Círculo de lectores, una es la Antología del cuento americano y otra una que recoge cuentos de premios Nóbel, qué maravilla lo que puedes encontrar allí. Hay muchas.  Ya no existe la colección de Alianza 100, libros muy pequeños, de 100 pesetas (¿) que podías llevar cómodamente en el bolsillo, tengo unos cuantos, no sólo cuentos, también estaba allí san Juan de la Cruz.  Bueno, seguiré con mis bombones, ahora es mal momento para engancharte en un novelón…fin de vacaciones, que si comprar al niño la mochila que barrerá todos lo suelos, ropa, cuadernos…

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Tuve que reconocer ante Dani y el Pirri, que estaba en la webcam (¿en qué pueblo estará, Villanueva Valley?) que me había gustado todo Harry Potter. Y es verdad.                     
Es una historia bien planteada, antes de ser escrita. Cada libro corresponde a un curso en Howarts, son siete. El argumento avanza de forma unitaria, por ejemplo, un personaje, Dumbledore, desaparece por un tiempo de Howarts en los primeros libros y no nos enteramos hasta el último por qué y dónde estaba.Todo va encajando a medida que vamos leyendo.
  
 
Los personajes son coherentes. Todos tienen claroscuros. La razón de sus actuaciones y reacciones está en sus propias historias personales, incluidas las que quedan fuera del tiempo de la historia que se cuenta, sobre todo en el séptimo libro. Son más complejos y con más recovecos ocultos los más mayores, Dumbledore, Snape, pero también los niños, Longbottom quién lo iba a decir. Conocemos la historia de todos ellos, la ambición de Dumbledore, tenemos las mismas dudas e incertidumbre que Harry en los últimos momentos de su aventura. Snape, uno de mis personajes favoritos, ¿bueno, malo…? Hay que leerlo hasta el final, es sorprendente. Los maravillosos padres de Harry se van descubriendo como personas normales. La familia Weasly con el atractivo de las familias numerosas, sobre todo para niños solitarios como Harry. Incluso los Malfoy son reales, por desgracia.
                                                                                                      
El ambiente perfecto: magia puesta en la vida cotidiana. Van a clase de Adivinación con la misma desgana que podrían ir a Taller de matemáticas, a Pociones como quien va a clase de Lengua, con ese profesor horrible, y en lugar de dar veinte vueltas al patio a golpe de silbato, practican vuelo con escobas aunque lo que más les gusta es el quidditch. Aparecen hipogrifos, unicornios, basiliscos, centauros, gigantes,  un fénix o un perro con tres cabezas, guardando la piedra filosofal, junto a una espada mágica y un hombre con dos caras o un troll, entre otros seres y objetos mágicos que tienen su origen en la mitología, los bestiarios o en el folklore más antiguo. Eso que tenemos adelantado ¿Quién olvida un hipogrifo una vez lo conoce?   Los libros de niños en colegios,  metidos en aventuras,  siempre han sido un valor seguro desde Enid Blyton, por no remontarme más allá de mi propia memoria. Yo los hubiera leído encantada a los once o doce años. He rejuvenecido por unos días. 

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    La piedra filosofal

No sé si esto me va a alejar de los círculos más intelectuales del barrio. Pero yo estoy aquí para contar lo que leo.  Hace poco más de una semana vinieron a despedirse mi amiga Pili y su niña, que se iban a la playa. Me trajeron, a traición, y en connivencia con mi Dani, el primer libro de Harry Potter. Estaban todos empeñados en que lo tenía que leer. Yo había visto las pertinentes películas para tener un tema de conversación con mi vástago, incluso le compré los libros, el primero lo sacó de la biblioteca y le gustó. Los he hojeado a veces, pero nada más. Los libros de adolescentes me dan mucha pereza. A ver este año qué le hacen leer al niño, miedo me da. Esto lo contaré otro día. Con la excusa de la última película me convencieron y prometí por mi honor que lo intentaría, con toda mi voluntad lectora.   Ahí va la experiencia. Empezamos mal. No sé si la traducción, si yo que tenía pocas ganas…

El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros. Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso.

Claro, digo yo, que tendrá que ver el cuello con el bigote, ese aunque me hizo despotricar un rato, pero seguí, como las de la tele, por mi hijo. Cuatro o cinco hojas más y…

Cuando entró en el camino del número 4, lo primero que vio (y eso no mejoró su humor) fue el gato atigrado que se había encontrado por la mañana. En aquel momento estaba sentado en la pared de su jardín.

Nuevo escollo. Yo, para leer, tengo que verlo todo, como tercer ojo no tengo, a través de los datos que me han aportado mis sentidos normales ¿Cómo veo yo un gato sentado en la pared de un jardín? ¿pegado como Spiderman? ¿delante de la pared? ¿sobre la pared, cómo es esa pared, no será una tapia, muro o como poco un poyo? Bueno, oye, sigamos, estaba sentado el gato y punto. Yo estaba sentada también, con mis gafas progresivas para controlarlo todo bien, en el salón donde mi niño y su papá ven la televisión; no leo allí, sino en mi rincón, como ya he contado, pero no quería que mi empeño pasase desapercibido. Mejor hubiera sido. Nosotros somos de los que expresan sus frustraciones en voz alta. Lo del aunque, lo del gato y cuatro o cinco cosillas más, las solté como para mí…La que se organizó…Dani me llamó prejuiciosa y listilla, que para rato se leía mis recomendaciones, que se iba a comprar la colección entera de Pesadillas y luego dejaría la lectura para toda la vida…y que se iba a casa del Pirri que su madre no leía y no le daba la brasa; yo argumentando a mi favor y el padre de la criatura que no sabía si era una pesadilla de siesta o la vida misma, cuando se enteró, se fue a la cama.   Pasamos unos días de relaciones distantes, en los que yo volví a mi rincón y a mis gafas de cerca con el dichoso Harry. Terminé el primero, Harry Potter y la piedra filosofal, digo, pues oye voy a leer el segundo y así hago méritos. Mi niño lo tenía en la estantería, pues lo leí…Para que nos vamos a engañar, estaba enganchada a la historia, cayó la Cámara secreta, mejor traducido también… iba yo a dejar a Harry después de haber matado a un basilisco, vencido al malo, que desapareció…otro El prisionero de Azkaban…Este ya da más miedo, pero seguí y al cuarto libro…yo ya no podía vivir sin saber cómo terminaba la historia, me levantaba al tercer ronquido de Quique para seguir leyendo, llevaba los libros por todas partes…  Ellos me miraban, primero con una sonrisilla de ya, ya, la listilla, después con extrañeza, iba casi a libro por día. Acabé El cáliz de fuego un sábado justo cuando Quique anunciaba la cena. Fui a buscar los siguientes, para tenerlos a la vista, el niño que lo adivinó, me dijo que ni me molestase que esos no los teníamos, que se los había prestado el Pirri, ese niño cuya madre no lee, y que estaba en el pueblo hasta septiembre. Casi me da un desmayo. Mi niño que me conoce, gritó “A Hipercor que aún queda media hora” y nos lanzamos los dos a la calle como prófugos; nunca me ha parecido el ascensor tan lento, ni las escaleras tan poco automáticas, llegamos a los libros y…estaban La Orden del Fénix y El Misterio del príncipe, dijo Dani como experto en el tema. Volvimos victoriosos, yo agarrada a la bolsa como a un salvavidas. Al día siguiente, en un descanso de lectura, mi niño me enseñó el último que había bajado, traducido, de un blog. Lo llené de besos. Para dar fin a la aventura, terminé los de papel, leí el otro en mi portátil sentada en la terraza hasta las tantas de la madrugada y mi niño y yo tuvimos tema de conversación para una temporada.Las reliquias de la muerte

  

 

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Vacaciones

 

     Ya llevo unos días sin asomarme a la ventana. Estoy de vacaciones, seguiré unos días. Por supuesto, leyendo sin parar. Hasta pronto, vecinos.

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  El significado del verbo escribir está cambiando. Decir: fulanito escribe, ha significado, toda la vida, que lo hacía bien o, al menos, dignamente; ahora significa que sabe unir letras y formar palabras, hasta unir palabras y formar oraciones. Que escriba bien ya es un añadido. Parte positiva del asunto: no hay analfabetos, en ese sentido; parte negativa, cualquiera que junte letras y palabras, se dice escritor. Hay que ser más humilde o leer más. Este barrio de Internet nos ha cobijado a los que queremos escribir para sacarnos temas de la cabeza, por terapia o por amor al arte. Conscientes, al menos yo, de que no tenemos lectores, salvo alguno que pasee perdido por esta calle, y de que estamos jugando con las palabras, sin ser escritores.   ¿Por qué digo esto? Porque me aburren los periódicos. En un periódico, miras las noticias, en titulares, lees alguna. Luego, yo al menos, me voy a las páginas de opinión, cultura…donde espero tener una mini dosis de buena lectura, un aperitivo. A pesar de mi coraje y de decirme a mí misma que soy una tiquismiquis, creo que el nivel está bajando: Muchos opinadores se repiten, escriben porque saben, tienen tablas, pero te dejan el regusto del poco esfuerzo, del artículo fácil de yo pasaba por aquí y lo que me viene te lo cuento. A nadie más que a mí le gusta la cotidianeidad, lo de ir por casa, pero también cansa, con mi ventana me sobra. Otros, escriben porque son famosos, salen en televisión, es vox-populi que son graciosos o con una sutil inteligencia, pues no se nota, que se trabajen un poquito más lo que escriben, también me cansa ver a los mismos en todas partes. Hay que buscar a los de siempre, muchos ya no están, y esperar que tengan un buen día. Es un fenómeno lógico, en un país donde todo el mundo opina hay que ir rápido o te chafan el turno.   No sé si hablar de los telediarios, no sé, te puedes enterar de todos los logros deportivos, de que hace un calor… y hay que beber agua, de las chancletas de moda entre los famosos, de un concurso de esculturas de arena…dan ganas de preguntar, a la media hora, ¿Ha pasado algo o no? Entonces te colocan varias escenas sangrientas. ¿Por qué no amplían, incluso explican esas noticias y si no con un cuarto de hora sobra?

 No sé si hablar de la publicidad. La verdad, me gusta. ¿Por qué al final de un anuncio con una pareja maravillosa en una playa caribeña, el muchacho no le regala a la muchacha un libro, por ejemplo? ¿Por qué no pueden leerse con voz sugerente un buen poema o un libro con alto contenido erótico, que los hay, y luego anunciar el preservativo? ¿Por qué las editoriales no hacen publicidad en televisión, ni casi en ningún sitio que no sea especializado, salvo las entregas semanales con fascículos, que ya se están afilando los lomos? Hay tanto porqué, que ya no pregunto más, me retiro a mi blog hasta un día más esperanzador. Hoy empiezo libro, voy a tirarme en sus hojas.

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    Un nuevo trauma: Las portadas y yo. Este libro fue una de mis compras de rebajas, cuatro libros 9€, yo sólo quería dos, así que añadí otros dos arbitrariamente, de autores conocidos, claro. Bien, después de leer este con gusto, empecé a recordar una portada que no era la de mi edición de bolsillo, me lancé como una loca a buscarlo…y ahí estaba, repetido ¡qué bien! ya tenía las dos ediciones y me he leído la de bolsillo que se ve peor y se abre peor. Esto me deprime. El primer signo de vejez, vecinos, no es la primera cana, sino empezar a comprar libros repetidos… He tratado de consolarme y he llegado a pensar que la primera edición ha permanecido años en la lista de espera por lo poco atractivo de la portada, demasiado evidente, con colores que no invitan ni tienen ninguna relación con el tono y el contenido del libro, el cuadro cortado; todo lo contrario que la edición de bolsillo, invita a curiosear y responde al ambiente que vas a encontrar dentro. Bueno, yo de literatura no sabré mucho, pero de combinar colores…todas mis vecinas me piden consejo, que si Loli mírame las cortinas, que si esté sillón pega…que os voy a contar. Como se entere mi Quique, para días tengo…

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   He terminado una novela que tenía hace tiempo, años, en la estantería de espera. En mi biblioteca también hay demoras, no iba a ser menos que las compañías aéreas y la seguridad social. Eché un vistazo, a ver qué empezaba y esta vez fue el autor y la portada los que me atrajeron: La novia de Matisse de Manuel Vicent. Soy lectora asidua de sus artículos. Me gustan porque se leen con los cinco sentidos y, en ocasiones, alguno más. Tiene la virtud mágica de atraparte en olores, colores, sonidos y ambientes, consigue una realidad que convierte los espacios en lugares recordados como vividos y transitados. Tiene otra cualidad difícil, que es hablar de emociones susceptibles de una expresión cursi o lacrimógena sin caer en ello, colocándolas en su justo nivel del sentimiento; aún recuerdo un artículo que hablaba sobre la muerte de un perro, Tobie, creo, que me puso los pelos de punta. Dediqué todo el día a mis bichos.  A lo que vamos. La novela.  No penséis que es fácil de explicar todo lo que me pasa por la cabeza después de leerla. Os cuento lo que a mí me ha gustado. Me recordó la historia del escultor aquel, Pigmalión creo que se llamaba, pero un poco más complicado. Lo que tienen en común es dar vida por medio del arte, que puede también hacer que los cinco sentidos humanos sean más sofisticados y vaya surgiendo una capacidad estética natural, no por el estudio o el conocimiento. También me gusta cómo ve a los personajes. Los protagonistas son un marchante de arte y un matrimonio de nuevos ricos que, sin saber nada de arte, son clientes suyos. Es importante la transformación de los tres por el arte. El final da la vuelta completamente a lo previsible. No puedo contar más, el argumento está en la contraportada del libro.  El resto de personajes tienen relación con el mundo del arte desde los trapicheos más bajos hasta quienes han vivido cerca de grandes pintores y cuentan sus vivencias cotidianas. Todos ellos están tratados con la misma consideración. El arte, como la vida o como la naturaleza, no selecciona según criterios culturales, sociales, ni siquiera económicos, atrapa a todos y actúa, como Pigmalión, dando nuevos matices a su existencia.

 

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